lunes, 30 de septiembre de 2013

LA DEMOCRACIA DEL UMBRAL






    Gracias al efecto de la gravedad, estamos anclados a la superficie de este planeta esférico azulado. La Tierra es un lugar en el cuál han sucedido muchas historias maravillosas y macabras, es un sitio del universo lleno de hechos contradictorios y a la vez sorprendentes. Por supuesto, no hemos pasado la adolescencia, no somos adultos, somos inmaduros. Sabemos a duras penas, leer, escribir y manejar un computador; sin embargo, no examinamos nuestro interior. No nos gusta la introspección porque es una amenaza a nuestra supuesta grandeza. Nos creemos autosuficientes y claro, no entendemos que pertenecemos a una gota insignificante del gran océano, que apenas si conocemos. De hecho, el Voyager I (una sonda espacial) es el primer objeto terrícola que acaba de abandonar el Sistema Solar y que se interna en la vasta oscuridad del universo. Mientras tanto en el planeta, en este septiembre de 2013, vemos el conflicto cruel de Siria, somos testigos de los discursos anuales con su respectiva retórica por parte de los presidentes del mundo en las Naciones Unidas, recordamos todavía el cuadragésimo aniversario del golpe de estado a Salvador Allende. De otra manera, los seres humanos debemos aprender de las lecciones de la historia. No obstante, deberíamos olvidar los hechos amargos y no involucrarnos emocionalmente porque la historia ya trascurrió y es simplemente historia. No podemos aferrarnos y apegarnos al pasado. Estamos en el aquí y el ahora. Por supuesto, todos estamos tentados a recordar la Segunda Guerra Mundial, las guerras napoleónicas, a Alejandro Magno, a Jesucristo, a Gandhi, a Martín Lutero. Este ejercicio intelectual puede ser muy interesante al principio, pero lo que no podemos hacer es caer en el torbellino del agujero negro de la obsesión y la estigmatización ignorante. Aunque tenga algo de razón, yo no puedo titular la historia del año de 1973 en Chile de la siguiente manera: “La traición del descarado torturador al gran irresponsable gobernante marxista-leninista.” Yo no soy quién para hacerlo, ni nadie para afirmarlo. Hay que saber perdonar. Otros optarán por cuestionar. El criticar severamente es una acción peligrosa, que sólo conlleva a aumentar la espiral de odio y en consecuencia perder la noción del conocimiento real de lo que está pasando. Y saber que nuestros contradictores, los mal llamados enemigos, se pudiera afirmar que genéticamente son como nuestras fieles copias del ADN, nuestros “odiados gemelos”, por así decirlo. O sea, paradójicamente, yo insulto a mi vecino, quién es mi “hermano” genético, por tener el equipo de sonido con alto volumen y él me quita la vida, mientras se drogaba con cocaína. La realidad es clara y brutal: Me asesinó un congénere idéntico. Entre más semejantes más poco civilizados. Hay inoperancia humana. 

    Necesitamos construir y desarrollar un modelo vivencial que remplace las ideologías existentes, al que denominaremos La Democracia del Umbral. Por supuesto, este modo de sentir se basa en el amplio recorrido de la raza humana a través de los tiempos, con todos sus aciertos, con todos sus errores y con todas sus complejidades. En este instante recuerdo el principio físico, “La materia ni se crea ni se destruye, sino que se transforma”. Si la sociedad quiere transformarse debe ser de una manera tranquila y sosegada, no de una forma abrupta y alocada, gradualmente. Entonces, La mediocridad en la humanidad será un mero recuerdo y el espejismo de la melancolía en el desierto desaparecerá. Por supuesto, aquí no se habla de una perfección inalcanzable, sino del mejoramiento del equilibrio en todas las esferas y facetas de nuestras vidas, para cada ser humano sobre la faz de la Tierra. No buscamos ni la Tierra prometida, ni el paraíso terrenal, sino La Tierra tranquila, en paz. Se espera que los seres humanos tomen con más frescura la vida, maravillados con lo que nos rodea: El Sol, la luna, las estrellas, la belleza, comprendiendo lo inexplicable, dejar de ser esclavos de nosotros mismos, enfrascados en las obsesiones de siempre, siendo lo que somos y no lo que deberíamos ser tal como lo expresaba Einstein, siendo capaces de discernir y comprender que nuestras limitaciones nos ayudan a ponernos metas y con el tiempo éstas se convierten en grandes activos. En otras palabras, los fracasos del ayer se vuelven en la fuerza motora del optimismo para proyectarnos hacia el futuro. Por fin, aprender a soltarnos de la fuerte vivencia de los fantasmas del pasado es un gran incentivo para tener una vida exitosa. Es prioritario entender que hacemos parte de la totalidad, tanto de los universos físicos como el universo de la trascendencia espiritual (Dios). Claro, la humildad es una herramienta necesaria para ejecutar estas tareas; el narcisismo desbocado debe ir a la caneca de la basura. Hay que ponerle pimienta a la existencia, pero no, un millón de barriles llenos de jalapeños. Esto me recuerda del justo medio de Aristóteles, de la curva normal de la ciencia de la estadística, donde se sugiere que los extremos y los fundamentalismos nos llevan al desorden y al caos. Siempre hay excepciones. Un genio, con un coeficiente intelectual altísimo, puede tener deficiencias en el ámbito de las relaciones interpersonales. Por otro lado, un niño especial puede poseer una capacidad, un talento que lo destaca de los demás mortales. Hay que aprender de la diferencia y la diversidad. En este conjunto del conglomerado humano del que hacemos parte, metafóricamente hablando, hay toros (toroides), elipsoides, esferas, círculos, parábolas, puntos, circunferencias, el infinito, hipérbolas, ecuaciones lineales, ecuaciones no lineales, integrales, derivadas, raíces cúbicas, raíces cuadradas, funciones exponenciales, constantes, variables, números naturales, enteros, racionales, irracionales, el número pi… En conclusión, el dilema y la paradoja es que todos debemos coexistir en armonía a pesar de nuestras diferencias y utilizar como elemento clave de unión lo que nos acerca. El odio irracional debe desaparecer ya que la ira muy densa y concentrada nos hace envejecer mucho más pronto. Claro está, entendiendo que el discernimiento y la ecuanimidad humanos brotan como la rosa del Principito de Antoine de Saint-Exupery, poco a poco con su majestuosa belleza. Como “anillo al dedo” reza el dicho “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.  

     La Democracia del Umbral implica zafarse de la desesperación, de la ansiedad y volvernos seres más democráticos, que entendemos la necesidad de la autonomía genuina del otro ser humano. Idealmente, la dinámica de la vida nos enseña que si varias personas son supuestamente amigas, debería haber un respeto hacia la integridad del otro. Infortunadamente, eso no siempre es así. De hecho, existen las llamadas relaciones tóxicas. Son dañinas para el alma, para el ser individual porque hay un abuso de por medio. Los que son lastimados deben interiorizar que ya es hora de partir y de abandonar el barco aunque esté en el medio del océano. La comodidad, el miedo y la incertidumbre no deben ser obstáculos porque hay una señal bastante clara de la existencia: el permanecer con individuos que no te aprecian tu personalidad no es benéfico para nadie. Es decir, ya llega el final del viaje. Eso sí, hemos aprendido la lección de poner límites cuando es necesario y alcanzado la madurez, el coraje y la templanza para decir adiós en el momento justo. Gracias a los individuos que nos han “intoxicado”, hemos conocido la persistencia y la perseverancia. Son relaciones que nos muestran que no debemos repetir el consumo de la misma pócima. La próxima vez escogeremos mejor y seremos más selectivos. Tendremos en cuenta los elementos de nuestra personalidad y haremos un escrutinio más severo analizando si nuestro rompecabezas encaja con los de los amigos potenciales. Alguien preguntaría, ¿por qué usted no es más severo con los que hicieron el daño, los victimarios? Bueno, respondo que juzgar a alguien por sus actos es muy fácil; sin embargo, las personas que sufrieron el perjuicio se equivocaron a la hora de escoger la carta de la baraja. En vez de escoger el as de corazones, guardaron el dos de picas y perdieron el juego de póker. En cada acto de nuestra existencia, tenemos la responsabilidad de elegir lo que es correcto y lo que no lo es. Debemos ser serios con nosotros mismos y con los demás y guardar la negligencia en el baúl del rincón del olvido. La ventaja comparativa alcanzada en este escenario, en mi concepto, es la elaboración de una personalidad más auténtica, y por sobre todo, más pacífica. La persona es más persona, empieza a comprender la importancia de su individualidad y el respeto incondicional que se debe otorgar asimismo y a los demás. Ya, el individuo comienza a concientizarse que el mejor amigo terrenal debería ser uno mismo.